Al tener que realizar el óbito de Roberto Méndez, nuestro gerente de tantos años, quien nos dejó el Jueves 2 de Abril – Jueves Santo – recordé esta frase de la escritora austríaca del siglo XIX Marie Von Ebner: «En la juventud aprendemos pero en la vejez entendemos».
Con Roberto, últimamente, hemos conversado mucho y profundo, su deceso, doloroso e inesperado, me hace entender la siguiente conclusión.
Dos personas que han compartido durante más de medio siglo, con todo lo que ello implica, y habiéndose amado tanto como Nilda y Roberto, llegan a formar un solo Ser. Podríamos decir que uno más uno sigue siendo uno, pero más pleno.
Entonces, cuando la otra parte de nuestro Ser se nos adelanta en la partida de esta vida, nadie puede explicarnos el dolor y su ilimitado alcance ni sus profundos enigmas. Nadie nos puede descubrir el vacío que nos deja en el mismo centro de nuestro Ser, un vacío que nada lo llena, pues quedamos incompletos.
Estas frases, que podrán o no ser compartidas, me brotan ante la desaparición física de Roberto, pues presiento que se ha ido donde el quisiera estar, para volver a SER completo junto a su amada Nilda, que entregó su alma al Creador el 20 de Diciembre próximo pasado.
A sus seres queridos no hay palabras que puedan reconfortarlos, pero recuerden que el Altísimo se lo llevó en ésta Santa Semana, para que él también tenga su Domingo de Pascua, es decir el paso a una vida eterna que como todo buen cristiano esperaba y merece.
Juan José Scarrone


